En la puerta de entrada a las montañas del Noroeste, Yen Bai es como un cuadro natural pintado por la naturaleza. Esta provincia cautiva con sus terrazas de arroz de Mu Cang Chai, una obra maestra tallada por el tiempo y el esfuerzo humano; con el lago Thac Ba, conocido como la “Bahía de Halong en la montaña”; y con la romántica “tierra de las flores blancas”, que cubren los valles cada primavera.
Yen Bai no solo enamora por su naturaleza, sino también por su mosaico cultural donde más de 30 etnias – como los Kinh, Tay, Nung, Thai, H’mong y Dao – conviven en armonía, compartiendo tradiciones ancestrales, festivales coloridos y melodías que tocan el alma. El Festival de la Cosecha de los Dao Rojos, el canto Diep Booc de los Tay o la flauta solitaria de los H’mong son tesoros vivientes de una cultura tan diversa como fascinante.
Entre sus montañas majestuosas destacan Ta Chi Nhu y Ta Xua, donde ofrecen vistas panorámicas que parecen sacadas de un cuento de hadas. Los ríos Rojo y Chay serpentean por los campos verdes, trayendo consigo la fertilidad y la vida de estas tierras.
Yen Bai también ofrece platos sencillos pero llenos de sabor, que reflejan la vida y la cultura de su gente de las montañas. Aquí puede probar el arroz glutinoso de cinco colores, el pescado de arroyo a la parrilla o el arroz cocido en tubos de bambú.
La región también es conocida por la carne de búfalo ahumada, el licor de arroz negro y el singular pastel de huevos de hormiga, elaborado por las etnias locales. Cada plato transmite la calidez y la autenticidad de la vida cotidiana en las montañas del noroeste.
La mejor época para visitar Yen Bai depende de lo que desee descubrir:
Mayo – Junio: la temporada del agua, cuando los agricultores inundan las terrazas de arroz, creando reflejos brillantes que parecen espejos.
Septiembre – Octubre: la temporada dorada, cuando Mu Cang Chai se tiñe de amarillo durante la cosecha – el periodo más hermoso y popular para los viajeros.
Febrero – Abril: la primavera, cuando colinas y valles se cubren de flores blancas y rosadas, ofreciendo paisajes tranquilos y un clima fresco.
Yen Bai no es solo un destino: es un refugio para el alma, donde uno puede reencontrarse con la paz, con la naturaleza y consigo mismo.








